
Quien diga que el diablo no se pasea por las calles se equivoca…
Después que la Inquisición se abocara en una cruenta lucha contra las brujas de Monclova, cansado el diablo de esperar en los márgenes del Río Monclova donde comúnmente sostenía sus entrevistas, una noche decidió salir en la búsqueda de sus fieles seguidoras.
Cuentan que esa noche no fue como ninguna de las estrelladas de la ciudad, sino que anocheció más temprano, fue un cielo vacío de estrellas y las únicas luces que se veían eran los lámparas encendidas que se dejaban ver por las ventanas de las casonas del Monclova antiguo.
En sus andares por la ciudad de los márgenes del río, rumbo a la Plaza Principal donde se había enterado estaban castigando a sus seguidoras, el maligno eligió uno de los muchos callejones de lo que ahora es el centro de la ciudad, el cual se resplandeció por la flama que parecía envolverlo a su paso.